PROMESASDEMUJERES

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martes, 20 de julio de 2021

Sex Club del Demonio

 










Fué el primero en estampar su nombre en el contrato cuando dije que teníamos superpoblación. Podría decirse que era del tipo de tío -o de demonio- que se dejaba la piel para ayudar a otros… pero no nos íbamos a engañar. Ángel no era así.

Tenemos que sacrificarnos por el bien común, camaradas -les dije, en una de esas super reuniones que ríete tú de las de las comunidades de vecinos-. El infierno se está masificado y esto no hay alma torturada que lo resista.

Y claro, ya que el lugar al que los mandaba era a la Tierra… pues con sus pecadillos de nada, sus vicios tranquilos y su cero nivel de violencia -¿estoy siendo muy sarcástico?- ¿cómo iban a negarse?

Él eligió, precisamente, Madrid…

Llegó una noche de verano en la que todo el mundo regresaba a sus casas de vacaciones, o precisamente salían de allí rumbo al descanso prometido, con el consiguiente atasco de narices. “¡Esto es un infierno!”, gritaba la gente, acompañando las palabras con pitidos de claxon.

O sea, que desde el primer momento se sintió como en casa.

¿Y cómo podía ganarse la vida un demonio en Madrid?

Tenía sólo dos opciones. La primer era hacerse con el dominio de una de esas mafias que regaban la ciudad de extorsiones, robos y asesinatos, pero la imagen de gánster con traje de rayas y metralleta no le llamaba demasiado. Lo de los trajes a medida, sí, que se había vuelto un poco pijo. Pero siempre había preferido fulminar a cualquiera con la mirada y hacer que el osado ardiera y quedara reducido a cenizas a coserlo a balazos con una semiautomática.

La otra opción, y la que escogió, fue abrir el mejor club dedicado al sexo de la ciudad. Y ahí andaban los electricistas, poniendo en marcha las luces de neón en el cartel encima de la puerta. En plena Gran Vía. Con dos narices, por no decir otra cosa.

Creo que algún vecino se va a escandalizar cuando lo lea.

“Sex Club del Demonio”

¿A que queda bien?

Venga, pasa… Que seguro que te invita a una copa si vas de mi parte. Por cierto, no me he presentado, aunque seguro que ya sabes que soy… el Diablo.

domingo, 17 de marzo de 2019

A ver a que sabes-



Leí el panfleto que la chica me entregó cuando pasé por delante del local de siempre. En el encabezado aparecía el nombre del restaurante y debajo las fotos de cuatro hombres vestidos de cocineros con los brazos cruzados sobre el pecho. Aparecían sus nombres y su especialidad, pero cada uno me clavaba los ojos de una forma diferente.
Uno, dulce, sonriendo. Otro, picante.  Sé que debería decir salado, pero miraba a la cámara con lascivia. Quemaba. Un tercero lo hacía de manera  bastante agria. ¿Cómo se podía mirar así a un fotógrafo para sacarse una foto? El cuarto estaba enfadado con el mundo, sin duda alguna. Amargo…
Miré a la cara a los cuatro cocineros y la que se enfadó con el mundo, de pronto, fui yo. Llevaba muchos años cenando en aquel bareto de bocadillos mientras estudiaba enfermería en la universidad, y de pronto cambiaba de imagen, de comida, de dueños, e incluso de nombre. Eso había sucedido mientras pasaba dos meses fuera de Barcelona, visitando a mis padres en el pueblo, en mis primeras y verdaderas vacaciones de verano. Ahora, en vez de Malditos Bocatas, en el letrero sobre la puerta se leía otro nombre: Come. Te va a entrar… hambre.
¿Que me iba a entrar qué?

¿Y si tomaba un último bocado? Puede que probablemente no fuera el último

miércoles, 6 de marzo de 2019

A ver a que sabes-

Leí el panfleto que la chica me entregó cuando pasé por delante del local de siempre. En el encabezado aparecía el nombre del restaurante y debajo las fotos de cuatro hombres vestidos de cocineros con los brazos cruzados sobre el pecho. Aparecían sus nombres y su especialidad, pero cada uno me clavaba los ojos de una forma diferente.
Uno, dulce, sonriendo. Otro, picante.  Sé que debería decir salado, pero miraba a la cámara con lascivia. Quemaba. Un tercero lo hacía de manera  bastante agria. ¿Cómo se podía mirar así a un fotógrafo para sacarse una foto? El cuarto estaba enfadado con el mundo, sin duda alguna. Amargo…
Miré a la cara a los cuatro cocineros y la que se enfadó con el mundo, de pronto, fui yo. Llevaba muchos años cenando en aquel bareto de bocadillos mientras estudiaba enfermería en la universidad, y de pronto cambiaba de imagen, de comida, de dueños, e incluso de nombre. Eso había sucedido mientras pasaba dos meses fuera de Barcelona, visitando a mis padres en el pueblo, en mis primeras y verdaderas vacaciones de verano. Ahora, en vez de Malditos Bocatas, en el letrero sobre la puerta se leía otro nombre: Come. Te va a entrar… hambre.
¿Que me iba a entrar qué?

¿Y si tomaba un último bocado? Puede que probablemente no fuera el último…

viernes, 23 de noviembre de 2018

UN , DOS , TRES..... !! BESAME !!!




Lo conoció en el bar donde se tomaba la última copa de la noche. Se cayeron bien, se gustaron... y acabaron compartiendo algo más que alcohol en casa de él. Hasta aquí todo normal, ¿no?

Pero como suele ocurrir con los polvos rápidos, la cosa acabó mal, y ella se marchó enfadada, convencida de que no quería volver a ver a ese tipejo en la vida.

Para ayudarla a olvidar el mal trago, sus amigas la llevan a ver el espectáculo de un mago, a pesar de que ella nunca ha creído en la magia. Y cuál es su sorpresa cuando descubre que quien está en el escenario agitando una varita sobre una chistera es él. En ese momento la asaltan sus ganas de venganza y, sonriendo con maldad, lo reta delante del público a que la hipnotice y haga que se enamore de él.

¿Quieres saber cómo acaba el desafío?